Ejercicio para la prevención de caídas en personas de edad avanzada que residen en la comunidad

Ejercicio para la prevención de caídas en personas de edad avanzada que residen en la comunidad

Los programas de ejercicio reducen la tasa de caídas y el número de personas que sufren una caída en los pacientes mayores que residen en la comunidad (evidencia de certeza alta). Los efectos de estos programas de ejercicio son inciertos para otros resultados no relacionados con las caídas. Los eventos adversos, cuando se informaron, fueron en su mayoría no graves. Los programas de ejercicio que reducen las caídas incluyen sobre todo ejercicios funcionales y de equilibrio, mientras los programas que probablemente reducen las caídas incluyen categorías de ejercicios múltiples (por lo general, ejercicios funcionales y de equilibrio más ejercicios de fuerza).

Rev. Cochrane, 31/01/2019 Ejercicio para la prevención de caídas en personas de edad avanzada que residen en la comunidad

Antecedentes: Al menos un tercio de las personas mayores de 65 años que residen en la comunidad sufren caídas cada año. Se ha demostrado que los ejercicios para el equilibrio, la marcha y la fuerza muscular previenen las caídas en estos individuos. Dadas las consecuencias a largo plazo y las lesiones relacionadas con las caídas, es importante una síntesis actualizada de la evidencia.

Objetivos: Evaluar los efectos (beneficiosos y perjudiciales) de las intervenciones para la prevención de caídas en personas mayores que residen en la comunidad.

Métodos de búsqueda: Se hicieron búsquedas en CENTRAL, MEDLINE, Embase, en otras tres bases de datos y en dos registros de ensayos hasta el 2 mayo 2018, además, se verificaron las referencias y se contactó con los autores de los estudios para identificar estudios adicionales. Criterios de selección Se incluyeron ensayos controlados aleatorios (ECA) que evalúan los efectos de cualquier forma de ejercicio, como una única intervención, sobre las caídas en individuos a partir de los 60 años de edad que residen en la comunidad. Se excluyeron los ensayos centrados en afecciones específicas, como el accidente cerebrovascular.

Obtención y análisis de los datos: Se utilizaron los procedimientos metodológicos estándar previstos por Cochrane. El resultado primario fue la tasa de caídas.

Resultados principales: Se incluyeron 108 ECA con 23 407 participantes que residen en la comunidad en 25 países. Había nueve ECA en grupos. La edad promedio de los participantes fue de 76 años (77% de mujeres). El riesgo de sesgo en la mayoría de los ensayos fue incierto o alto para uno o más ítems. No se describen en esta revisión los resultados de cuatro ensayos centrados en los pacientes con alta del hospital reciente y de las comparaciones de diferentes ejercicios.

Ejercicio (todos los tipos) versus control

En 81 ensayos (19 684 participantes) se comparó el ejercicio (todos los tipos) con una intervención de control (que no reduciría las caídas). El ejercicio reduce la tasa de caídas en un 23% (cociente de tasas [CT] 0,77; intervalo de confianza [IC] del 95%: 0,71 a 0,83; 12 981 participantes, 59 estudios; evidencia de certeza alta). Sobre la base de un riesgo ilustrativo de 850 caídas en 1000 personas seguidas durante un año (datos derivados de datos de riesgo del grupo de control de los 59 estudios), esto corresponde a 195 caídas menos (IC del 95%: 144 a 246) en el grupo de ejercicio. El ejercicio también reduce el número de personas que sufren una o más caídas en un 15% (cociente de riesgos [CR] 0,85; IC del 95%: 0,81 a 0,89; 13 518 participantes, 63 estudios; evidencia de certeza alta). Sobre la base de un riesgo ilustrativo de 480 personas que sufren caídas de 1000 personas seguidas durante un año (datos del riesgo del grupo de control de los 63 estudios), esto corresponde a 72 personas menos que sufren caídas (IC del 95%: 52 a 91) en el grupo de ejercicio. En los análisis de subgrupos no se demostró ninguna evidencia de diferencias en el efecto de ambos resultados de caídas, según si los ensayos seleccionaron a los participantes en mayor riesgo de caídas o no. La certeza es menor con respecto a los hallazgos para otros resultados, lo que en parte representa el número relativamente bajo de estudios y de participantes. El ejercicio puede reducir el número de personas que presentan una o más fracturas relacionadas con las caídas (CR 0,73; IC del 95%: 0,56 a 0,95; 4047 participantes, diez estudios; evidencia de certeza baja) y el número de personas que sufren una o más caídas que requieren atención médica (CR 0,61; IC del 95%: 0,47 a 0,79; 1019 participantes, cinco estudios; evidencia de certeza baja). No está claro el efecto del ejercicio en el número de personas que sufren una o más caídas que requieren ingreso hospitalario (CR 0,78; IC del 95%: 0,51 a 1,18; 1705 participantes, dos estudios, evidencia de certeza muy baja). El ejercicio puede lograr un cambio muy pequeño en la calidad de vida relacionada con la salud: la conversión del resultado agrupado (diferencia de medias estandarizada [DME] ‐0,03; IC del 95%: ‐0,10 a 0,04; 3172 participantes, 15 estudios; evidencia de certeza baja) a las puntuaciones EQ‐5D y SF‐36 indicó que el IC del 95% respectivo fue mucho menor que las diferencias mínimamente significativas para ambas escalas. La certeza es menor con respecto a los hallazgos para otros resultados, lo que en parte representa el número relativamente bajo de estudios y de participantes. El ejercicio puede reducir el número de personas que presentan una o más fracturas relacionadas con las caídas (CR 0,73; IC del 95%: 0,56 a 0,95; 4047 participantes, diez estudios; evidencia de certeza baja) y el número de personas que sufren una o más caídas que requieren atención médica (CR 0,61; IC del 95%: 0,47 a 0,79; 1019 participantes, cinco estudios; evidencia de certeza baja). No está claro el efecto del ejercicio en el número de personas que sufren una o más caídas que requieren ingreso hospitalario (CR 0,78; IC del 95%: 0,51 a 1,18; 1705 participantes, dos estudios, evidencia de certeza muy baja). El ejercicio puede lograr un cambio muy pequeño en la calidad de vida relacionada con la salud: la conversión del resultado agrupado (diferencia de medias estandarizada [DME] ‐0,03; IC del 95%: ‐0,10 a 0,04; 3172 participantes, 15 estudios; evidencia de certeza baja) a las puntuaciones EQ‐5D y SF‐36 indicó que el IC del 95% respectivo fue mucho menor que las diferencias mínimamente significativas para ambas escalas. Los eventos adversos se informaron parcialmente en 27 ensayos (6019 participantes) y se monitorizaron en detalle tanto en el grupo de ejercicio como en el de control en sólo un ensayo. 14 ensayos no informaron de eventos adversos. Además de dos eventos adversos graves (una fractura de estrés pelviano y una cirugía por hernia inguinal) informados en un ensayo, el resto fueron eventos adversos no graves, principalmente musculoesqueléticos. En los grupos de ejercicio, hubo una mediana de tres eventos (intervalo 1 a 26). Diferentes tipos de ejercicio versus control Las diferentes formas de ejercicio tuvieron distintas repercusiones sobre las caídas (análisis de las diferencias de los subgrupos, tasa de caídas: P = 0,004, I² = 71%). En comparación con el control, los ejercicios funcionales y de equilibrio reducen la tasa de caídas en un 24% (CT 0,76; IC del 95%: 0,70 a 0,81; 7920 participantes, 39 estudios; evidencia de certeza alta) y el número de personas que sufren una o más caídas en un 13% (CR 0,87; IC del 95%: 0,82 a 0,91; 8288 participantes, 37 estudios; evidencia de certeza alta). Los tipos de ejercicios múltiples (sobre todo ejercicios funcionales y de equilibrio más ejercicios de fuerza) probablemente reducen la tasa de caídas en un 34% (CT 0,66; IC del 95%: 0,50 a 0,88; 1374 participantes, 11 estudios; evidencia de certeza moderada) y el número de personas que sufren una o más caídas en un 22% (CR 0,78; IC del 95%: 0,64 a 0,96; 1623 participantes, 17 estudios; evidencia de certeza moderada). El Tai Chi puede reducir la tasa de caídas en un 19% (CT 0,81; IC del 95%: 0,67 a 0,99; 2655 participantes, siete estudios; evidencia de certeza baja) y el número de personas que sufren una caída en un 20% (CR 0,80; IC del 95%: 0,70 a 0,91; 2677 participantes, ocho estudios; evidencia de certeza alta). No hay seguridad sobre los efectos de los programas que se basan sobre todo en el entrenamiento de fuerza, los de baile o de caminata en la tasa de caídas y el número de personas que sufren caídas. Ningún ensayo comparó la flexibilidad o el ejercicio de resistencia versus control. Conclusiones de los autores Los programas de ejercicio reducen la tasa de caídas y el número de personas que sufren una caída en los pacientes mayores que residen en la comunidad (evidencia de certeza alta). Los efectos de estos programas de ejercicio son inciertos para otros resultados no relacionados con las caídas. Los eventos adversos, cuando se informaron, fueron en su mayoría no graves. Los programas de ejercicio que reducen las caídas incluyen sobre todo ejercicios funcionales y de equilibrio, mientras los programas que probablemente reducen las caídas incluyen categorías de ejercicios múltiples (por lo general, ejercicios funcionales y de equilibrio más ejercicios de fuerza). El Tai Chi también puede prevenir las caídas, aunque no hay certeza sobre el efecto del ejercicio de fuerza (sin ejercicios funcionales y de equilibrio), del baile ni de la caminata en la tasa de caídas.

En 81 ensayos (19 684 participantes) se comparó el ejercicio (todos los tipos) con una intervención de control (que no reduciría las caídas). El ejercicio reduce la tasa de caídas en un 23% (cociente de tasas [CT] 0,77; intervalo de confianza [IC] del 95%: 0,71 a 0,83; 12 981 participantes, 59 estudios; evidencia de certeza alta). Sobre la base de un riesgo ilustrativo de 850 caídas en 1000 personas seguidas durante un año (datos derivados de datos de riesgo del grupo de control de los 59 estudios), esto corresponde a 195 caídas menos (IC del 95%: 144 a 246) en el grupo de ejercicio. El ejercicio también reduce el número de personas que sufren una o más caídas en un 15% (cociente de riesgos [CR] 0,85; IC del 95%: 0,81 a 0,89; 13 518 participantes, 63 estudios; evidencia de certeza alta). Sobre la base de un riesgo ilustrativo de 480 personas que sufren caídas de 1000 personas seguidas durante un año (datos del riesgo del grupo de control de los 63 estudios), esto corresponde a 72 personas menos que sufren caídas (IC del 95%: 52 a 91) en el grupo de ejercicio. En los análisis de subgrupos no se demostró ninguna evidencia de diferencias en el efecto de ambos resultados de caídas, según si los ensayos seleccionaron a los participantes en mayor riesgo de caídas o no. La certeza es menor con respecto a los hallazgos para otros resultados, lo que en parte representa el número relativamente bajo de estudios y de participantes. El ejercicio puede reducir el número de personas que presentan una o más fracturas relacionadas con las caídas (CR 0,73; IC del 95%: 0,56 a 0,95; 4047 participantes, diez estudios; evidencia de certeza baja) y el número de personas que sufren una o más caídas que requieren atención médica (CR 0,61; IC del 95%: 0,47 a 0,79; 1019 participantes, cinco estudios; evidencia de certeza baja). No está claro el efecto del ejercicio en el número de personas que sufren una o más caídas que requieren ingreso hospitalario (CR 0,78; IC del 95%: 0,51 a 1,18; 1705 participantes, dos estudios, evidencia de certeza muy baja). El ejercicio puede lograr un cambio muy pequeño en la calidad de vida relacionada con la salud: la conversión del resultado agrupado (diferencia de medias estandarizada [DME] ‐0,03; IC del 95%: ‐0,10 a 0,04; 3172 participantes, 15 estudios; evidencia de certeza baja) a las puntuaciones EQ‐5D y SF‐36 indicó que el IC del 95% respectivo fue mucho menor que las diferencias mínimamente significativas para ambas escalas. La certeza es menor con respecto a los hallazgos para otros resultados, lo que en parte representa el número relativamente bajo de estudios y de participantes. El ejercicio puede reducir el número de personas que presentan una o más fracturas relacionadas con las caídas (CR 0,73; IC del 95%: 0,56 a 0,95; 4047 participantes, diez estudios; evidencia de certeza baja) y el número de personas que sufren una o más caídas que requieren atención médica (CR 0,61; IC del 95%: 0,47 a 0,79; 1019 participantes, cinco estudios; evidencia de certeza baja). No está claro el efecto del ejercicio en el número de personas que sufren una o más caídas que requieren ingreso hospitalario (CR 0,78; IC del 95%: 0,51 a 1,18; 1705 participantes, dos estudios, evidencia de certeza muy baja). El ejercicio puede lograr un cambio muy pequeño en la calidad de vida relacionada con la salud: la conversión del resultado agrupado (diferencia de medias estandarizada [DME] ‐0,03; IC del 95%: ‐0,10 a 0,04; 3172 participantes, 15 estudios; evidencia de certeza baja) a las puntuaciones EQ‐5D y SF‐36 indicó que el IC del 95% respectivo fue mucho menor que las diferencias mínimamente significativas para ambas escalas. Los eventos adversos se informaron parcialmente en 27 ensayos (6019 participantes) y se monitorizaron en detalle tanto en el grupo de ejercicio como en el de control en sólo un ensayo. 14 ensayos no informaron de eventos adversos. Además de dos eventos adversos graves (una fractura de estrés pelviano y una cirugía por hernia inguinal) informados en un ensayo, el resto fueron eventos adversos no graves, principalmente musculoesqueléticos. En los grupos de ejercicio, hubo una mediana de tres eventos (intervalo 1 a 26).

Diferentes tipos de ejercicio versus control

Las diferentes formas de ejercicio tuvieron distintas repercusiones sobre las caídas (análisis de las diferencias de los subgrupos, tasa de caídas: P = 0,004, I² = 71%). En comparación con el control, los ejercicios funcionales y de equilibrio reducen la tasa de caídas en un 24% (CT 0,76; IC del 95%: 0,70 a 0,81; 7920 participantes, 39 estudios; evidencia de certeza alta) y el número de personas que sufren una o más caídas en un 13% (CR 0,87; IC del 95%: 0,82 a 0,91; 8288 participantes, 37 estudios; evidencia de certeza alta). Los tipos de ejercicios múltiples (sobre todo ejercicios funcionales y de equilibrio más ejercicios de fuerza) probablemente reducen la tasa de caídas en un 34% (CT 0,66; IC del 95%: 0,50 a 0,88; 1374 participantes, 11 estudios; evidencia de certeza moderada) y el número de personas que sufren una o más caídas en un 22% (CR 0,78; IC del 95%: 0,64 a 0,96; 1623 participantes, 17 estudios; evidencia de certeza moderada). El Tai Chi puede reducir la tasa de caídas en un 19% (CT 0,81; IC del 95%: 0,67 a 0,99; 2655 participantes, siete estudios; evidencia de certeza baja) y el número de personas que sufren una caída en un 20% (CR 0,80; IC del 95%: 0,70 a 0,91; 2677 participantes, ocho estudios; evidencia de certeza alta). No hay seguridad sobre los efectos de los programas que se basan sobre todo en el entrenamiento de fuerza, los de baile o de caminata en la tasa de caídas y el número de personas que sufren caídas. Ningún ensayo comparó la flexibilidad o el ejercicio de resistencia versus control.

Conclusiones de los autores: Los programas de ejercicio reducen la tasa de caídas y el número de personas que sufren una caída en los pacientes mayores que residen en la comunidad (evidencia de certeza alta). Los efectos de estos programas de ejercicio son inciertos para otros resultados no relacionados con las caídas. Los eventos adversos, cuando se informaron, fueron en su mayoría no graves. Los programas de ejercicio que reducen las caídas incluyen sobre todo ejercicios funcionales y de equilibrio, mientras los programas que probablemente reducen las caídas incluyen categorías de ejercicios múltiples (por lo general, ejercicios funcionales y de equilibrio más ejercicios de fuerza). El Tai Chi también puede prevenir las caídas, aunque no hay certeza sobre el efecto del ejercicio de fuerza (sin ejercicios funcionales y de equilibrio), del baile ni de la caminata en la tasa de caídas.