Efecto del consumo de cannabis en personas con opiáceos prescritos para el dolor crónico no relacionado con el cáncer

Efecto del consumo de cannabis en personas con opiáceos prescritos para el dolor crónico no relacionado con el cáncer

El consumo de cannabis es frecuente en las personas con dolor crónico no oncológico a quienes se les han prescrito opioides, pero no se encuentran pruebas de que el uso de cannabis mejorare los resultados del paciente. Las personas que usaban cannabis tienen mayor dolor y menor autoeficacia para controlar el dolor, y no hay evidencia de que el consumo de cannabis reduzca la severidad o la interferencia del dolor o ejerza un efecto de ahorro de opioides. A medida que el consumo de cannabis con fines medicinales aumenta a nivel mundial, es importante que se realicen grandes ensayos clínicos bien diseñados, que incluyan personas con comorbilidades complejas, para determinar la eficacia del cannabis para el dolor crónico no relacionado con el cáncer.

The Lancet Public Health, 07/208“Effect of cannabis use in people with chronic non-cancer pain prescribed opioids: findings from a 4-year prospective cohort study”

https://www.thelancet.com/journals/lanpub/article/PIIS2468-2667(18)30110-5/fulltext

 

El interés en el uso de cannabis y cannabinoides para tratar el dolor crónico no oncológico va en aumento, debido a su potencial para reducir los requerimientos de dosis de opiáceos. Nuestro objetivo fue investigar el consumo de cannabis en personas que padecen dolor crónico no relacionado con el cáncer a quienes se les habían prescrito opioides, incluidos sus motivos de uso y la efectividad percibida del cannabis; asociaciones entre la cantidad de consumo de cannabis y el dolor, la salud mental y el uso de opioides; el efecto del consumo de cannabis en la severidad del dolor y la interferencia en el tiempo; y los posibles efectos ahorradores de opioides del cannabis.

Métodos: El estudio Pain and Opioids IN Treatment es una cohorte de observación prospectiva, nacional, de personas con opiáceos prescritos para el dolor crónico no relacionado con el cáncer. Los participantes fueron reclutados a través de las farmacias de la comunidad en toda Australia, completaron las entrevistas iniciales, y fueron seguidos por entrevistas telefónicas o cuestionarios de autocompletar anualmente por 4 años. El reclutamiento se llevó a cabo del 13 de agosto de 2012 al 8 de abril de 2014. Se preguntó a los participantes sobre las condiciones de dolor crónico de por vida y del año anterior, la duración del dolor crónico no relacionado con el cáncer, la autoeficacia del dolor, si el dolor era neuropático, de por vida y uso de cannabis por mes, cantidad de días en que se utilizó cannabis en el último mes, y depresión actual y trastorno de ansiedad generalizada. También estimamos dosis diarias equivalentes de morfina oral de opioides. Utilizamos la regresión logística para investigar las asociaciones transversales con la frecuencia del uso de cannabis, y los modelos de efectos mixtos rezagados para examinar las asociaciones temporales entre el consumo de cannabis y los resultados.

Resultados: 1.514 participantes completaron la entrevista inicial y se incluyeron en el estudio desde el 20 de agosto de 2012 hasta el 14 de abril de 2014. El uso de cannabis fue común y, a los 4 años de seguimiento, 295 (24%) participantes habían usado cannabis para el dolor. El interés en usar cannabis para el dolor aumentó de los 364 (33%) participantes (al inicio del estudio) a 723 (60%) participantes (a los 4 años). A los 4 años de seguimiento, en comparación con las personas sin consumo de cannabis, encontramos que los participantes que usaron cannabis tenían una mayor puntuación de severidad del dolor (cociente de riesgos 1.14, 95% CI 1.01-1.29, para los que con menor frecuencia consumían cannabis, y 1.17, 1.03-1.32, para el consumo diario o casi diario de cannabis), mayor puntuación de interferencia del dolor (1.21, 1.09-1.35; y 1.14, 1.03-1.26), puntuaciones de autoeficacia de dolor más bajas (0.97, 0.96-1.00; y 0.98, 0.96-1.00) y puntuaciones de gravedad de trastorno de ansiedad generalizada (1.07, 1.03-1.12; y 1.10, 1.06-1.15). No encontramos evidencia de una relación temporal entre el consumo de cannabis y la gravedad del dolor o la interferencia del dolor, y no hay evidencia de que el uso de cannabis reduzca el uso de opiáceos prescritos o aumenten las tasas de interrupción de los opiáceos.

Interpretación: El consumo de cannabis fue común en las personas con dolor crónico no oncológico a quienes se les habían prescrito opioides, pero no se encontraron pruebas de que el uso de cannabis mejorara los resultados del paciente. Las personas que usaban cannabis tenían mayor dolor y menor autoeficacia para controlar el dolor, y no había evidencia de que el consumo de cannabis redujera la severidad o la interferencia del dolor o ejerciera un efecto de ahorro de opioides. A medida que el consumo de cannabis con fines medicinales aumenta a nivel mundial, es importante que se realicen grandes ensayos clínicos bien diseñados, que incluyan personas con comorbilidades complejas, para determinar la eficacia del cannabis para el dolor crónico no relacionado con el cáncer.

Fondos: National Health and Medical Research Council y el Gobierno Australiano